martes, 6 de agosto de 2013

DANTE GABRIEL ROSSETTI





Mediodía callado

Reposan en la hierba, alta y fresca, tus manos
abiertas, y traslucen los dedos, como rosas;
hay paz en la sonrisa de tus ojos. El césped
es luz y sombra, bajo el cielo, que las nubes
junta o dispersa. En torno de nuestro nido y lejos
hay botones de oro, bordeados de plata,
y el perifollo roza la nieve del espino.

Es visible el silencio, como clepsidra, mudo.
En el césped, transido de sol, una libélula
es una hilacha azul, del cielo desprendida.
Alada hora, así nos viene de lo alto.
¡Oh! Contra el corazón, don inmortal, guardemos
esta hora sin voz, que, entrañable, nos ciñe
y en la que un dulce canto forjaron los silencios.

Traducción de Mariá Manent.

Imagen: Hugh L. Norris, Flame Flower and Summer Ragwort in a herbaceous border.

lunes, 5 de agosto de 2013

ISMENE MATAS






Mendiga

Todo cuanto me dieron aquel día
me ha sido arrebatado para siempre.
Ahora en la indigencia solo puedo
suplicar caridad a los viandantes.
¿Y qué ha de mendigar la que mendiga,
acaso una palabra de tus labios,
las cartas anegadas de promesas,
lengua para lamerme las heridas,
compuertas que contengan el desborde
de los ríos que riegan el desierto?
¿Y qué puedo pedir, pues alguien tiene
el bálsamo que sana a los difuntos,
la máquina que el tiempo nos devuelva
y que traiga de nuevo en este instante
los besos, los abrazos, las caricias,
el roce de la carne entre las sábanas,
la húmeda mirada fiel del perro
que aguarda una caricia de sus amos?

Imagen: Evgraf Semenovich Sorokin, Pequeña mendiga de España, 1852.

T. S. ELIOT






Muerte por agua

Flebas el fenicio, muerto hace quince noches,
olvidó el lamento de gaviotas, el hondo oleaje
y el ganar y perder.
                               Una corriente submarina
recogió sus huesos en susurros. Mientras subía y caía
recorrió las etapas de su edad y juventud
entrando al remolino.
                                 Gentil o judío,
oh tú que giras el timón mirando a barlovento,               
considera a Flebas: una vez fue bello y erguido como tú.

Traducción de Manuel Núñez Nava

Imagen: Lorenzo Costa el Viejo, La nave Argos.

domingo, 4 de agosto de 2013

LUIS ROSALES






Recordando un temblor en el bosque de los muertos

Si el corazón perdiera su cimiento,
y vibraran la tierra y la madera
del bosque de la sangre, y se sintiera
en tu carne un pequeño movimiento

total, como un alud que avanza lento
borrando en cada paso una frontera,
y fuese una luz fija la ceguera,
y entre el mirar y el ver quedara el viento,

y formasen los muertos que más amas
un bosque ciego bajo el mar desnudo
-el bosque de la muerte en que deshoja

un sol, ya en otro cielo, su oro mudo-
y volase un enjambre entre las ramas
donde puso el temblor la primer hoja...

SAIGYO






Toda la noche
amotina las olas
el viento en cólera.
Y los pinos chorrean
húmeda luz de luna.

Versión de Octavio Paz y Eikichi Hayashiya.

Imagen: Retrato de Saigyo en la antología Ogura Hyakunin Isshū, S. XIII.