jueves, 3 de julio de 2014

ANA AJMÁTOVA








Soneto de estío


Más que yo vivirá lo que aquí vive,
hasta los nidos de los estorninos,
y este aire migratorio que cruzó,
aire primaveral, la mar en vuelo.

La voz eternidad de allá nos llama,
del más allá con su invencible fuerza,
y por encima del cerezo en flor,
la luz lunar menguando se derrama.

Parece que blanquea sin estorbo,
a través de las verdes espesuras,
la senda que no digo adónde lleva...

Allí hay más claridad entre los troncos
y todo se asemeja a la arboleda
que circunda el estanque en Tsárkoie Seló.


Imagen: Semyon Fyodorovich Shchedrin , Vista de la gran estanque en el parque en Tsárskoye Seló, 1777.


miércoles, 2 de julio de 2014

PETE SINFIELD Y ROBERT FRIPP







Islas

 El litoral y el árbol están rodeados por el mar,
las olas arrastran la arena de mi isla,
mi puesta de sol se desvanece,
el campo y la ciénaga sólo esperan que llueva.
El amor desgasta los altos diques
que detienen la marea,
grano tras grano.
El viento se desliza
hacia mi isla.
El granito deslavado trepa hasta donde las gaviotas
giran y revolotean,
un grito triste sobre mi isla.
El velo de novia del amanecer, húmedo y pálido,
se disuelve en el sol.
El tejido del amor es una madeja enredada por gatos,
carrera de ratones.
Puñados de rosales se enroscan donde los búhos
conocen mis ojos
cielos violetas.
Toca mi isla, tócame.
Abajo, el viento se vuelve ola,
paz infinita,
islas que tocan manos
bajo el mar del paraíso.
Los oscuros embarcaderos
buscan hambrientos mi isla
como dedos de piedra.
Las palabras perladas de los marinos se doblan
y las boyas se esparcen en mi orilla,
iguales en amor, suenan en círculos.
El litoral y el libre regreso al mar,
las olas arrastran la arena de mi isla,
de mí.



Traducción de Claudia Aguirre Walls y Juan Villoro







martes, 1 de julio de 2014

RAFAEL MORALES








Dolor del hombre



La tristeza es arena de desierto,
sombra de soledad, sombra del aire,
larga ausencia de Dios que nos circula
por el llanto olvidado de la sangre.

Todo está triste hoy y es un desierto
mi corazón, que apenas si es de alguien;
todo está triste, sí, todo está triste
en esta inmensa y desolada tarde.

Madera de ataúd es lo que crece
en esta primavera de los árboles,
mientras proyecta el cielo largamente

su soledad vastísima en mi carne,
en mi alma sin dueño, en esta pena
que me crece y me crece interminable.




AMALIA BAUTISTA







Caperucita roja



Al otro lado de este bosque inmenso
me espera el mundo. Todo lo que he visto
sólo en mis sueños tiene que esperarme
al otro lado de este bosque. Es hora
de ponerme en camino, aunque el viaje
se lleve varios años de mi vida.
De pronto escucho aullar la voz de siempre,
la que siempre ha logrado detenerme:
"Al lado de este bosque, niña,
sólo espera la casa en la que mueres".