miércoles, 27 de marzo de 2013

HAKUSHU KITAHARA



Impresión del crepúsculo

Delicia de los besos... murmullos...
Mas la sangre invisible gotea en el cielo
como el rugido de una bestia herida y agonizante.
¿Por qué duele tanto?

Ah, el color de la melodía crepuscular,
el silencioso resplandor.

Delicia de los besos... murmullos...


Traducc. de Atsuko Tanabe

martes, 26 de marzo de 2013

RENÉ MÉNARD



 
Algunas veces vuelvo de un país sin paisaje
donde no soy más que una brizna de viento
muy denso en la noche.
Allí la vida es virginal
y la sangre se pierde en la melodía
más gratuita del alma.
Si alguna vez el mundo se revela
los hombres tienen la gravedad de cualquier rostro pintado.
Los campos, los árboles, el cielo,
se llenan de la melancolía más terrestre
al ser creados por la mirada y la historia de un hombre.
Pues toda cosa pintada a imagen de su hermosura
hace germinar la muerte de aquel que la dibuja.

(Trad. de Manuel Álvarez)



lunes, 25 de marzo de 2013

TOMAS TRANSTRÖMER



Los recuerdos me miran

Una mañana de junio es muy temprano
para despertar, pero tarde para dormir de nuevo.
Debo ir a la hierba que está llena
de recuerdos, que me siguen con la mirada.
No se ven, se mezclan completamente
con el fondo, camaleones perfectos.
Tan cerca que los escucho respirar
a pesar que el canto de los pájaros es estridente.

sábado, 23 de marzo de 2013

ANNE SEXTON



Once de diciembre

Te pienso en la cama,
tu lengua mitad chocolate, mitad océano,
en las casas adonde llegas,
en tu cabeza con pelo de alambre,
en tus manos persistentes y también
en las barreras que carcomíamos, pues somos dos.
Cómo entras y tomas mi copa de sangre
y me unes y te llevas mi salmuera.
Estamos desvestidos. Desnudos hasta los huesos
y nadamos uno tras otro y remontamos y remontamos
el río, el río idéntico llamado Mío
y entramos juntos. Nadie está solo.

Traducc. de Elisa Ramírez Castañeda

GUILLÉN DE CASTRO


A una casa yerma que había estado su dama 
 

Casa lóbrega, triste y despoblada
que tanto os parecéis al alma mía,
pues como ella perdió el bien que tenía,
perdistes el tenella en vos guardada.

Miradla de estos gustos despojada,
y vosotras, paredes, que algún día
en el más alto asiento de alegría
vistes una esperanza levantada.

Mirad tantos extremos de contento
en tantas desventuras convertidos,
consoladme en mi mal, llorad mi mengua.

Que mitigara en parte mi tormento,
si como dicen que tendréis oídos,
para en esta ocasión tuvierais lengua.