lunes, 29 de julio de 2013

ROQUE DALTON





El olvido

Anoche soñé que me decían: tu amor ha muerto.

Tu amor, la dulce amada de tu juventud,
ha muerto.

En una ciudad fría del Sur
donde los parques son una gran gota de rocío,
a la hora en que la niebla es aún virgen
y el cielo se rehusa
a la mirada de los desesperados.

Y murió -me decían- sin pronunciar tu nombre.

domingo, 28 de julio de 2013

FERNANDO QUIÑONES





Las albóndigas

Dos días ya que por tu causa, Mirta,
contravengo las instrucciones del Señor
y, cualquier tarde de estas, los del hakim me harán prender:
a mí, el más limpio del mercado,
pero que ahora, con la carne
tan magra y viva como siempre,
la miga justa y las especias de Alcira,
echo cada mañana en mis albóndigas
cosa que no debieran llevar, lágrimas.


sábado, 27 de julio de 2013

LUIS ROSALES





Ayer vendrá

La tarde va a morir; en el camino
la flor de las acacias se deshace
al impulso del viento. Entre las ramas,
mortal, casi vibrante,
queda el último sol. La tierra huele,
comienza a oler, ni cabe
ya dentro de sí misma y se levanta:
ahora hay tierra en la tierra y en el aire.
Y hay un bardal con sol; hasta él llegamos;
la sombra es el resumen de la tarde.
te he sentido llorar. No sé a quien lloras.
hay un humo distante
-un tren que acaso vuelve- mientras dices:
"Soy tu propio dolor, déjame amarte".

Imagen: Fotografía de David Plowden.

RICARDO MOLINA






Vida callada

De la vida callada de las plantas
aprendo olvido. Al cielo
alza el almezo sus ramas gimientes
de ruiseñores.
Me detengo un instante. La memoria
se adormece a su sombra. De mi vida
pasada nada quiero, vana imagen
que huye como el agua.

En la tarde otras tardes profundizan
esta hora. El sosiego que me invade
no altera mi tristeza.
Acaso la eterniza. ¿Todo muere?
¿Morirá mi dolor? Toda mi vida
se me aparece ahora como un ansia
frustrada de hermosura.

                                          Claro almezo,
eleva entre tus ramas plañideras
mi corazón callado hasta la luna.

viernes, 26 de julio de 2013

DIEGO SAAVEDRA FAJARDO





Ludibria mortis

Este mortal despojo, oh, caminante,
triste horror de la muerte, en quien la araña
hilos anuda y la inocencia engaña,
que a romper lo sutil no fue bastante,

coronado se vio, se vio triunfante
con los trofeos de una y otra hazaña;
favor su risa fue, terror su saña,
atento el orbe a su real semblante.

Donde antes la soberbia, dando leyes,
a la paz y a la guerra presidía,
se prenden hoy los viles animales.

¿Qué os arrogáis, ¡oh príncipes! ¡oh reyes!;
si en los ultrajes de la muerte fría
comunes sois con los demás mortales?

Imagen: Atribuido a Balthasar Ferdinand Moll, Sarcófago del emperador Carlos  VI de Austria, detalle.