sábado, 28 de diciembre de 2013

HUANG TING TSIEN









Los árboles envueltos en la bruma me ocultan por un lado la corriente del río,
mas el otro se extiende más lejos que mis ojos.
Así, mis pensamientos no tienen otro límite que el del sueño que pasa, sin
                                                       tregua, como el río.
A la luz de la lámpara compongo, sin pausa y sin fatiga,
innumerables libros.
Pero no encuentro a nadie capaz de serles eco,
y así he de conformarme con decirlos a los patos silvestres,
en el ancho crepúsculo
de este día de otoño.


Traducción de Marcela de Juan.



Imagen: Jan Massys, San Jerónimo (detalle).



MANUEL ALTOLAGUIRRE








Separación

Mi soledad llevo dentro,
torre de ciegas ventanas.
Cuando mis brazos extiendo
abro sus puertas de entrada
y doy camino alfombrado
al que quiera visitarla.
Pintó el recuerdo los cuadros
que decoran sus estancias.
Allí mis pasadas dichas
con mi pena de hoy contrastan.
¡Qué juntos los dos estábamos!
¿Quién el cuerpo? ¿Quién el alma?
Nuestra separación última,
¡qué muerte fue tan amarga!
Ahora dentro de mí llevo
mi alta soledad delgada.

viernes, 27 de diciembre de 2013

JORGE LUIS BORGES








La lluvia


Bruscamente la tarde se ha aclarado
porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae y cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado
el tiempo en que la suerte venturosa
le reveló una flor llamada rosa
y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales
alegrará en perdidos arrabales
las negras uvas de una parra en cierto

patio que ya no existe. La mojada
tarde me trae la voz, la voz deseada
de mi padre que vuelve y que no ha muerto.




EDNA ST. VINCENT MILLAY








                                                 Para Arthur Davidson Ficke


Y tú también debes morir, amado polvo,
y de nada te servirá toda tu belleza;
esta mano inmaculada y vital, esta cabeza perfecta,
este cuerpo de fuego y acero, ante el vendaval
de la muerte, o bajo su helada otoñal,
será como una hoja, estará no menos muerta
que la primera hoja que cayó...,esta maravilla desapareció,
alterada ,enajenada, desintegrada, perdida.
Tampoco mi amor te servirá cuando llegue tu hora.
Pese a todo mi amor, te levantarás
por encima de ese día y vagarás por el aire
a tientas, como la flor desatendida,
y no importará cuán hermoso hayas sido,
ni cuán querido por encima de todo lo demás que muere.



Traducción de Beatriz López-Buisán.

Imagen: François-Xavier Fabre, La Mort d’Abel, 1791.