sábado, 2 de noviembre de 2013

ROSARIO BECERRA





Despertar

Igual que si saliera de la cueva
donde el alma ha vivido tantos años
creyendo que las sombras en sus muros
son solo la verdad de la existencia.

Como el Dante saliera del Infierno
temblando y sin mirar atrás, confuso
por cuanto contemplara en su periplo,
limpiándose el sudor que le corría,

así me desperté yo esta mañana.
Y cuando comprobé que ya no estabas,
que no estaba tu ropa en el armario,
que nada declaraba tu retorno,

pareció que la luz me deslumbraba,
que contemplaba a Dios allá en el cielo.


Imagen: Laimonas Šepetys, The heart of the sun.

CONSTANTINO CAVAFIS





Ítaca


Cuando salgas de viaje para Ítaca,
desea que el camino sea largo, colmado de aventuras,
colmado de experiencias.
A los lestrígones y a los cíclopes,
al irascible Posidón no temas,
pues nunca encuentros tales tendrás en tu camino,
si tu pensamiento se mantiene alto, si una exquisita
emoción te toca cuerpo y alma.
A los lestrígones y a los cíclopes no encontrarás,
a no ser que los lleves ya en tu alma,
a no ser que tu alma los ponga en pie ante ti.
Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que -¡y con qué placer!-
entres en puertos que ves por vez primera.
Detente en los mercados fenicios
para adquirir sus bellas mercancías,
madreperlas y nácares, ébanos y ámbares,
y voluptuosos perfumes de todas las clases,
todos los voluptuosos perfumes que te sean posibles.
Y vete a muchas ciudades de Egipto
y aprende, aprende de los sabios.
Mantén siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Pero no tengas la menor prisa en tu viaje.
Es mejor que dure muchos años
y que viejo al fin arribes a la isla,
rico por todas las ganancias de tu viaje,
sin esperar que Ítaca te va a ofrecer riquezas.
Ítaca te ha dado un viaje hermoso.
Sin ella no te habrías puesto en marcha.
Pero no tiene ya más que ofrecerte.
Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha burlado.
Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia,
ya habrás comprendido el significado de las Ítacas.

Imagen: Caspar David Friedrich, Study, 1810.

viernes, 1 de noviembre de 2013

YVES BONNEFOY






El libro, para envejecer



Estrellas trashumantes; y el pastor que se inclina
sobre la dicha de la tierra; y tanta paz
como ese grito irregular de insecto
que un dios pobre modela. De tu libro
subió el silencio hasta tu corazón.
Corre un viento sin ruido en los ruidos del mundo.
Lejos sonríe el tiempo, por dejar de existir.
Sencillos en el huerto son los frutos maduros.

Envejecerás
y, al perder tu color en los árboles,
al formar una sombra más lenta sobre el muro,
al ser amenazada la tierra, al fin, de alma,
retomarás el libro donde lo abandonaste,
y dirás: Eran ésas las últimas palabras oscuras.


Imagen: Ilustración de Jonathan Wonstenholme.



GOTTFRIED BENN





Una palabra


Una palabra, una oración: del signo se eleva
la vida perceptible, el súbito sentido,
el sol en lo alto, las esferas callan
y todo se aglomera en torno a ella.

Una palabra: un resplandor, un vuelo, un fuego,
una llamarada, una estrella fugaz,
y nuevamente oscuro, inmenso,
en el vacío espacio entre mundo y yo.




 Traducción de José Manuel Recillas