viernes, 27 de diciembre de 2013

EDNA ST. VINCENT MILLAY








                                                 Para Arthur Davidson Ficke


Y tú también debes morir, amado polvo,
y de nada te servirá toda tu belleza;
esta mano inmaculada y vital, esta cabeza perfecta,
este cuerpo de fuego y acero, ante el vendaval
de la muerte, o bajo su helada otoñal,
será como una hoja, estará no menos muerta
que la primera hoja que cayó...,esta maravilla desapareció,
alterada ,enajenada, desintegrada, perdida.
Tampoco mi amor te servirá cuando llegue tu hora.
Pese a todo mi amor, te levantarás
por encima de ese día y vagarás por el aire
a tientas, como la flor desatendida,
y no importará cuán hermoso hayas sido,
ni cuán querido por encima de todo lo demás que muere.



Traducción de Beatriz López-Buisán.

Imagen: François-Xavier Fabre, La Mort d’Abel, 1791.


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