viernes, 28 de febrero de 2014

J. C. BLOEM








Noviembre

Está lloviendo y es noviembre;
de nuevo vuelve el otoño y acecha
el corazón que, triste pero cada vez más acostmbrado,
lleva sus penas secretas.

Y en la habitación donde resignadamente
se efectúa la vida cotidiana,
da, desde las calles desoladas,
una descolorida luz de tarde.

Los años pasan como pasaron,
casi ya no hay distinción
entre los recuerdos apagados
y lo que se vive y espera.

Perdidos están los caminos tiernos
para escapar del tiempo;
siempre noviembre, siempre lluvia,
siempre este corazón vacío, para siempre.



Traducción de Henriette Colin.

Imagen: Hiroki Yasutomi, Resonance of Lights, 2009.


EDUARDO CARRANZA








Tema de mujer y manzana

                                                A Nicanor Parra


Una mujer mordía una manzana.
Volaba el tiempo sobre los tejados.
La primavera, con sus largas piernas,
huía riendo como una muchacha:
Una mujer mordía una manzana.
Bajo sus pies nacía el agua pura.
Un sol, secreto sol, la maduraba
con su fuego alumbrándola por dentro.
En sus cabellos comenzaba el aire.
Verde y rosa la tierra era en su mano.
La primavera alzaba su bandera
de irrefutable azul contra la muerte.
Una mujer mordía una manzana.
Subiendo, azul, una vehemente savia
entreabría su mano y circulaban
por su cuerpo los peces y las flores.
Gimiendo desde lejos, la buscaba
—bajo el testuz de azahares coronado—
el viento como un toro transparente.
La llama blanca de un jazmín ardía.
Y el mar, la mar del sur, la mar brillaba
igual que el rostro de la enamorada.
Una mujer mordía una manzana.
Las estrellas de Homero la miraban.
Volaba el tiempo sobre los tejados.
Huía un tropel de bestias azuladas.
Desde el principio, y por siempre jamás,
una mujer mordía una manzana.
Mi corazón sentía oscuramente
que algo suyo brillaba en esos dientes.
Mi corazón, que ha sido y será tierra.



Imagen: Louise Garst McBroom, Woman Peeling Apples.



jueves, 27 de febrero de 2014

KENNETH PATCHEN








Las estrellas se van a dormir tan dulcemente




Las estrellas se van a dormir tan dulcemente...
cerrando los ojos, altos y gentiles, como flores blancas
en un sueño infantil del paraíso.

Por la mañana, en cada una de las tristes casas,
con una urgencia de dinero, propia para bendecir la guerra,
estas nobles nulidades se despiertan.

¡El alma del mundo ha muerto!
La verdad se pudre en una maldita zanja,
y el amor es empalado en un millón de bayonetas…

Pero, ¡Señor de las alturas!,
las estrellas se van a dormir tan dulcemente…




Traducción de Alberto Blanco


IDEA VILARIÑO








Si muriera esta noche


Si muriera esta noche
si pudiera morir
si me muriera
si este coito feroz
interminable
peleado y sin clemencia
abrazo sin piedad
beso sin tregua
alcanzara su colmo y se aflojara
si ahora mismo
si ahora
entornando los ojos me muriera
sintiera que ya está
que ya el afán cesó
y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de espadas
y el dolor de los otros y el amor y vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas
y acabara conmigo
para mí
para siempre
y que ya no doliera
y que ya no doliera.