jueves, 6 de febrero de 2014

ANNE BRONTË








Evocaciones


Sí, ¡te has ido! Y nunca más
tu sonrisa resplandeciente me llenará de gozo;
pero puedo pasar la vieja puerta de la iglesia
y caminar el piso que te cubre,

puedo soportar el frío, la lápida húmeda,
y pensar que, sobrecogido, en la tierra yace
el corazón más tranquilo que he conocido,
el más amable que nunca más conoceré.

Sin embargo, aunque no pueda verte más,
es un consuelo aún haberte visto;
y aunque tu vida efímera se acabó,
es agradable pensar lo que has sido;

pensar que un alma divina tan cercana,
dentro de una especie de ángel tan bello,
unido a un corazón como el tuyo,
alegró una vez nuestro ámbito humilde.



Traducción de Juan Diego Amoroz E.


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