domingo, 23 de febrero de 2014

DAVID LÓPEZ GARCÍA







De la vida de los santos



Dice a todos que Cristo lo visita
sobre las cuatro y media cada martes
y hablan sobre lo humano y lo divino.
La verdad es que es Jesús el que mantiene
la charla; él sólo escucha, mas no entiende
lo que dice, es igual que si mirase
una boba película extranjera.


A veces sus palabras suenan como
un concierto de rock sobre las nubes,
como la voz del mar en un escollo
o igual que si la nieve suspirara;
a veces como el hálito de mayo
rozando la epidermis de las hojas:


“¿Es el amor renuncia, corazón
abierto, caminante que retorna
de Emaús con el rostro iluminado?
Casi siempre el amor no es generoso:
no troca las arenas en jardines
ni sintetiza el mundo en un versículo;
ahora se derrumban las murallas,
otras veces se pierden los sembrados
o la lava desciende caudalosa…”


Quisiera hablar y nada se le ocurre.
No hay nada que decir y se adormece,
se sumerge en la nada más oscura,
entre la misma nada del principio
cuando Dios incubaba como un ave
sin cuentos que contar a las criaturas.


Cuando despierta Cristo se ha marchado;
la taza de café que preparara
aún humea intacta, rebosante.
“No le haré más café”. Luego se dice:
“Resulta un gasto inútil, sin sentido”.



Ilustración: Mark Kazav, Heart, coffee, cup.



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