domingo, 31 de agosto de 2014

DAVID LÓPEZ GARCÍA








Romance del vivir




Viva en el aire la nube,
la brasa viva en el fuego,
la roca en el monte viva,
viva en la tarde el lucero.

Viva el árbol en el campo
y la flor en el florero.
Viva la araña en su tela,
y la hormiga en su hormiguero.

Viva el pájaro en el nido,
el gallo en el gallinero,
viva el cerdo en su zahúrda
y la luna allá en el cielo.

Viva el gusano en la carne
y en la mar el marinero.
El rico en su palacio viva,
los demás en su agujero.

Los que gobiernan el mundo
vivan en su basurero.
Y los que nacieron antes
vivan en el cementerio.

Vivan todos donde puedan,
que vivir importa un bledo.




Imagen: Auca del Sol i de la Lluna de Pere Abadal, año de 1676.





JANE KENYON








Peonías al atardecer




Peonías blancas florecen a lo largo del porche
irradiando luz
mientras el resto del patio se oscurece.

Flores llamativas, grandes como cabezas
humanas. Tambaleándose
por su propia exuberancia, tuve
que apuntalarlas con estacas y bramante.

El aire húmedo intensifica su perfume
y la luna se mueve alrededor del establo
para saber de dónde viene ese olor.

En la tarde crepuscular de junio
me acerco un brote e inclinándome
lo observo como una mujer observa
el rostro del amado.


Traducción de Hilario Barrero.





sábado, 30 de agosto de 2014

FRAY LUIS DE LEÓN








Después que no descubren su lucero
mis ojos lagrimosos noche y día,
llevado del error, sin vela y guía,
navego por un mar amargo y fiero.

El deseo, la ausencia, el carnicero
recelo, y de la ciega fantasía
las olas más furiosas a porfía
me llegan al peligro postrimero.

Aquí una voz me dice: cobre aliento,
señora, con la fe que me habéis dado
y en mil y mil maneras repetido.

Mas, —¿cuánto desto allá llevado ha el viento?,
respondo: y a las olas entregado,
el puerto desespero, el hondo pido.




Imagen: Jan Brueghel, Cristo en la tempestad del mar de Galilea, 1596.




PAI CHU YI







La vida




El pino muere a los mil años, la flor del hibisco no dura un día.
Ambos se hunden en la nada. ¿Por qué envanecernos
de nuestros meses y de nuestros años?

P'eng Tsu* prolongó su muerte; pero murió al fin como nosotros.
Más vale aprender a no nacer, no nacer es asimismo no desaparecer.



*Según la leyenda P'eng Tsu vivió cien años.



Versión de Ávaro Yunque.


Imagen: Qian Songyan, Pino.