viernes, 15 de agosto de 2014

LI-YOUNG LEE







La hora y lo que está muerto




 Esta noche mi hermano camina con las botas pesadas
a través de cuartos vacíos encima de mi cabeza,
abriendo y cerrando puertas.
¿Qué podría estar buscando en una casa vacía?
¿Qué podría necesitar allá en el cielo?
¿Recuerda su tierra, su lugar de nacimiento iluminado por velas?
Su amor por mí se siente como agua volcada
regresando a la vasija.

A esta hora, lo que está muerto se inquieta
y lo que vive arde.

Que alguien le diga que debería irse a dormir ya.

Mi padre deja una luz prendida al lado de nuestra cama
y nos prepara para nuestro viaje.
Cose diez agujeros en las rodillas
de cinco pares de pantalones para chicos.
Su amor por mí es como una costura:
varios colores y demasiado hilo,
las puntadas irregulares. Pero la aguja atraviesa
limpiamente a cada golpe de su mano.

A esta hora, lo que está muerto está intranquilo
y lo que vive es fugitivo.

Que alguien le diga que debería irse a dormir ya.

Dios, esa vieja caldera, sigue hablando
con su boca de dientes,
la barba manchada por los festines y su aliento
a nafta, aviones, a ceniza humana.
Su amor por mí se siente como un fuego,
se siente como palomas, se siente como agua de río.

A esta hora, lo que está muerto está desamparado, amable
y desamparado. Mientras el Señor viva.

Que alguien le diga al Señor que me deje en paz.
Ya tuve suficiente de su amor
que se siente como un ardor y un vuelo y escaparse.




Versión de Tom Maver


No hay comentarios:

Publicar un comentario