jueves, 21 de agosto de 2014

JUDE NUTTER







El poeta reflexiona



Salgo de la cueva                                                                                                                     
de mi mente hacia la malsana oscuridad
exterior, donde las cosas
 pasan y el Señor no está en ninguna de ellas.                                                                                     R.S.Thomas





Al fin me descubro a mí misma: una mujer reflejada
en el retrato del vidrio de una ventana, inclinada
sobre su trabajo en un círculo de luz, desarmada, luchando
por dejar algo perdurable en el umbral
de su desaparición. Detrás de ella,

las escaleras se desdibujan hacia la oscuridad
y el largo pasillo se desvanece
en la sombra. Hay una canasta de corteza de abedul
amontonada en lo alto junto a piedras del lago y desechos; dos
palomas de mármol en un manto, sus alas
desplegadas en un anticipo de vuelo; y la piel
de un animal imposible de nombrar,
arrancada, tal cual es, del placer
demandante del cuerpo, de la felicidad que nos da
nuestra forma reconocible. La noche entera se apoya

contra la ventana, y el lago distante
es olvidado, hasta que lejos, en el agua, las luces
aparecen: barcos cargados con taconita camino a
Detroit o Windsor, Ontario. Y delante de ella,

detrás de la puerta blanca de la página, la oscuridad
de la mente antes de pensarse viva.

¿Y cuánto tiempo lleva a esos barcos navegar
de una costa a otra, abrumados
por la evidencia de una oscuridad anterior, más profunda aún
que aquella a través de la que navegan? Lo suficiente,
lo suficiente.




Traducción de Silvia Camerotto.


Imagen: Edvard Munch, Night in St. Cloud, 1890. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario