lunes, 15 de diciembre de 2014

DAVID LÓPEZ SANDOVAL









Cristo yacente




De la contemplación aquí resume
la historia su trayecto, el ojo humano
dentro y fuera transita y es capaz
de descubrir las dos correspondencias
de la vida veladas por Mantegna.
A una cierta distancia en el escorzo
la perspectiva -extraña y novedosa-
del yacente despoja cuanto de hombre
posee. De esperanza hay luz entonces
porque no ha muerto un cuerpo, sino un símbolo
acaba de nacer para el futuro.
La cercanía al lienzo sin embargo
revela poco a poco que capricho
todo axioma ha de ser de la mirada
y que aquella armonía se ha tornado
violenta distorsión, brutal certeza
de que no hay porvenir en los cadáveres.
Morir, sin más. No cabe otra doctrina
encima de una mesa de forense.




Imagen: Andrea Mantegna, Lamentación sobre Cristo muerto, entre 1475 y 1478.




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