sábado, 20 de septiembre de 2014

LI PO









El que vive es un viajero en tránsito,
el que muere es un hombre que vuelve a su morada.
Un trayecto muy breve entre el cielo y la tierra,
¡Ahimé!, y ya no somos más
que el viejo polvo de los diez mil siglos.
El conejo en la luna busca en vano
el elixir de la vida.
Fu Sang, el árbol de la inmortalidad, se ha desmoronado
en un montón de leña.
El hombre muere; sus blancos huesos enmudecen
cuando los verdes pinos sienten el retorno de la primavera.
Miro hacia atrás y suspiro; miro hacia delante y suspiro.
¿Hay algo sólido en la vaporosa gloria de la vida?





Traducción de Marcela de Juan.


Imagen: Caspar David Friedrich, Tageszeitenzyklus: Der Morgen, 1821-1822.





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