lunes, 16 de junio de 2014

RICARDO MOLINA








Nombre y olvido



Lo que nadie recuerda, ¿ha muerto? Acaso vive
recogido en sí mismo la vida más perfecta.
Fuera del tiempo lo llevó el olvido.
Ayer, hoy ni mañana huellan su ser y eterno
vive en fiel estación de melancolía.

Un nombre, a veces, como rama de olivo
en el pico cruel del pájaro del tiempo
sobre las quietas aguas es llevado.
Un soplo testimonia al huir de los labios
que la rosa y el hombre vivieron otros días.

Luego el nombre se olvida y la tierra recoge
la tierra, el aire vuelve al seno del espacio;
la fuente vierte, pura, su concha en el Océano
y la palabra como perla silenciosa
se duerme para siempre en el fondo del mar.

Amaneceres, mediodías, tardes,
noches, amaneceres, mediodías,
la ronda plateada
la rueda inexorable, la distancia,
ayer y hoy confunden sin sentido.

Lo futuro es un ocio. El corazón tan torpe
en lo que aún no existe se desborda y espera,
pero lo que ha vivido es lo único que vive.
Recogido en sí mismo se besa en su solsticio.



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