domingo, 29 de junio de 2014

RUBÉN DARÍO








Triste, muy tristemente



Un día estaba yo triste, muy tristemente
viendo cómo caía el agua de una fuente.

Era la noche dulce y argentina. Lloraba
la noche. Suspiraba la noche. Sollozaba
la noche. Y el crepúsculo en su suave amatista,
diluía la lágrima de un misterioso artista.

Y ese artista era yo, misterioso y gimiente,
que mezclaba mi alma al chorro de la fuente.



Imagen: Santiago Rusiñol, Claustro de Tarragona, 1897.




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