miércoles, 26 de noviembre de 2014

LI-YOUNG LEE








El atajo a casa




En la versión de mi hermana,
Dios no habrá de encontrarnos
en ningún bolsillo de su abrigo,
ni en los vacíos, ni en los llenos.
No estamos en sus manos, la amable o la terrible;
ni en sus zapatos, el enorme o el diminuto.
Tampoco nos escondemos en las manzanas,
ni en la perfecta ni en la echada a perder.
Ni en el primer mordisco, ni en el último.

En la versión de mi hermano,
nuestra muerte nos canta desde la rama más alta
del más antiguo árbol que las aves recuerdan
en su canto, y vagamos por la casa paterna
en busca del origen de las olas.

En mi versión… mas yo no tengo una versión.
Lo único que tengo son unos pocos nombres para las flores:
Manto de la Virgen, Siete de la tarde, Madre de las alas,
Historia que es llevada hacia arriba por una escalera. Lo único
que tengo es un sendero sembrado que sigo para dormir:
Flor de clivia, Vidrio empañado, Frasco con una canción,
Umbral de quema, Sangrienta escaramuza,
Voz esparcida entre las rocas.




Traducción de Enrique Servin.


Imagen: Edward Burne-Jones, The GoldenStairs (detalle), 1880.





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