miércoles, 30 de octubre de 2013

GREGORIO SILVESTRE





Oh luz, donde a la luz su luz le viene,
y clara claridad que el mundo aclara,
amparo del amparo que me ampara
y bien del sumo bien que más conviene.

Valor de aquel valor que en sí contiene
de todos el reparo y los repara;
tu cara, de los ángeles tan cara,
me dé paz en la paz que el cielo tiene.

La brasa de tu amor que el alma abrasa,
la llama que tu amor inspira y llama
me sube de mi ser al ser divino.

Que pueda yo, Señor, de casa en casa,
de vuelo en vuelo ir, de rama en rama,
a donde tu contino sea contino.



Imagen: El primer día de la creación, Las Crónicas de Núremberg, 1493.



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